miércoles, 2 de noviembre de 2016

Soy conceptualista y hago lo que quiero

Fotografía conceptualista
Los plásticos desean ser seres vivos
Fotógrafo conceptualista: especie de fotógrafo muy de moda que por obra y gracia de la modernidad y del concepto desarrolla en forma de imágenes ideas muy profundas sobre las realidades del mundo. Es el epítome de la inteligencia en la sociedad (según sus propias creencias). ¿He dicho que hace fotos? Parece ser que también, pero es algo que poco importa para tal conjunto de creadores.
 El conceptualismo fue promovido por el famoso Pedro Abelardo (1079-1142), un hombre del medievo que se adelantó 800 años a su tiempo. Es conocido por su famosa historia de amor con Eloisa, que le llevó a ser uno de los castrados más famosos.

Abelardo, que además era filósofo y poeta, dio un giro radical en la historia de la filosofía con la idea del conceptualismo:

Afirmó que los universales eran conceptos, categorías de tipo lógico-lingüístico que conectaban a la mente con el mundo físico. Esto es, serían un mediador entre el mundo mental y el mundo externo a la mente. Así que el conceptualismo es el punto de vista metafísico acerca de los universales, según el cual estos son conceptos, donde los conceptos son categorías lógicas que conectan mente y mundo.
 Para que todo se entienda, ya que no somos conceptualistas (pobres de nosotros humildes mortales) los universales son, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua:

Fotografos conceptualistas
Abelardo y Eloísa
Conceptos formados por abstracción, que representan en nuestra mente, reducidas a una unidad común, realidades que existen en diversos seres; por ejemplo, hombre, respecto de Pablo, Carlos, Javier, Fernando, etc... y así todas las especies y los géneros.
Son conceptos que hablan de la universalidad del sujeto en vez de su particularidad individual. Dios mío, qué filosófico me he despertado esta mañana. Y encima para hablar de los fotógrafos conceptualistas...



Los fotógrafos conceptualistas

Esta corriente, que poco a poco invade el mundo de las imágenes, con la intención de intelectualizar una forma de expresión, está calando fuerte en la sociedad fotográfica. Casi diría yo como lo hizo el pictorialismo a principios del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX en muchos países (como España). Y todos sabemos qué pasa con el pictorialismo y la fotografía...

Bajo el nombre de una corriente filosófica muchos se escudan en el arte conceptual, con la sana intención de intelectualizar una forma de mirar. El problema es que la gente confunde el conceptualismo con el concepto del relativismo epistemológico, con el todo vale.

Bajo el prisma de la intelectualidad hay muchos fotógrafos que se disfrazan con boinas a lo garçon, que fuman acercando la boca al cigarrillo (eléctrico que queda más actual) y gracias a ideas peregrinas que les surgen en noches bohemias crean series que no les queda más remedio que explicar y justificar en las presentaciones. Eso sí, su discurso empieza con lo de: Soy conceptual...

Las buenas fotografías no necesitan explicación. Son buenas per se. Si tienes que justificarlas es que algo está mal hecho. ¿Y para qué hablar de los títulos pomposos y vacuos? ¿O de las crónicas que habría que leer por las noches a los comisarios que las han escrito? Esta es prometo que es real:

Con la llegada de la modernidad, arte y ciencia se situaron en extremos opuestos de una escisión epistemológica: el arte «inventaba» mientras que la ciencia «descubría». Una polaridad que esta exposición elimina, cuestionando las nociones aparentemente excluyentes de subjetividad y objetividad, ficción y realidad, cultura y naturaleza, atribuidas tradicionalmente a la díada arte-ciencia.
Con el apelativo de fotografía conceptualista se han hecho cosas horribles ante el amparo de la educación de los espectadores y el canto de cisne de todos los fieles seguidores que quieren pertenecer a un grupo que creen superior. Pero es muy difícil filosofar, aportar ideas nuevas y desarrollarlas. Pero las alabanzas son muy tentadoras cuando hay gente que vitorea el traje del emperador.

El caso de Hiroshi Sugimoto


Siempre he temblado cuando voy a una exposición conceptualista. No me gusta ver fotos con títulos pomposos y que se me quede cara de tonto porque no quiero disimular que no entiendo lo que veo. Eso me pasó con una de las últimas exposiciones de la Fundación Mapfre dedicada a Hiroshi Sugimoto.

Hiroshi Sugimoto


Desde el principio el autor dejó claro que no hay que darse importancia, que lo importante es hacer buenas fotos (exactamente como piensa Eduardo Momeñe) y que si quieres hablar del concepto de los universales, no basta con apretar un botón. Hay que saber muchas cosas más alejadas del concepto de la luz, la estética y la electrónica. Y no es fácil ser un intelectual.

Por fin un artista conceptualista que no juega a sentirse importante por hacer fotos a una patata y decir que el mundo es una simbiosis vegetal imbuida por el espíritu rompedor de la fatalidad existencial de Schopenhauer. Sugimoto es un fotógrafo de verdad.
Hiroshi Sugimoto


Sus fotografías son perfectas desde un punto de vista técnico. Hablan por sí solas, son hermosas. Y lo más importante, una vez que las has digerido puedes leer la cartela y quedarte asombrado por todas las cosas que puede llegar a sugerir y que tú vas descubriendo poco a poco. Hasta el punto de que te puedes levantar al día siguiente con una nueva forma de mirar. Todo es más sencillo que lo que piensan algunos que quieren demostrar algo.

No sé si estáis de acuerdo con todo lo que digo. Si habéis llegado hasta aquí seguro que os interesa el tema. Y como siempre, creo que es una oportunidad única para participar en un debate que nos ayude a entender qué se hace bajo algo tan complicado como el concepto.

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