jueves, 14 de junio de 2018

Pon un fotógrafo en tu boda



“¿Os casáis? 

¡Mi más sincera enhorabuena, pareja!  

¿Ya habéis decidido quién os hará las fotos?” 

Es en ese preciso instante, cuando alguien - un amigo, un familiar, otra pareja con conocimiento de causa - nos recuerda la necesidad / obligación / opción (vosotros decidís) de contar con las labores de un fotógrafo, fiel testigo en vuestro gran día, y cuyo cometido será dejar constancia a través de sus imágenes, su sensibilidad, de los momentos más emotivos que se irán sucediendo a lo largo de la jornada (esta última frase puede resultar algo comercial en el contexto que os expongo, relamida incluso, pero dejaremos de apreciarlo así con solo consultar a aquellas parejas que ignoraron el susodicho comentario en forma de consejo, optando por tomar la vía rápida / económica y ahora se arrepienten sin remedio del resultado obtenido).


Y cuando hablo de fotógrafo quiero dejar claro que no me estoy refiriendo a tu cuñado o a ese osado amigo que acaba de comprarse una cámara de las “gordas”, de esas que hacen unas fotos estupendas con solo pulsar el “botoncito” del disparador, como aún muchos siguen pensando… Me refiero a un fotógrafo de esos que ponen su alma en cada disparo, de los que se dejan la piel literalmente en cada obturación, de los que sienten - y hacen sentir -, se emocionan - y emocionan -,... un fotógrafo, fotógrafo.




Gastos ineludibles

Vestido de la novia
900-2000€ (ese que hace “tilín” a la novia nada más verlo) 

Traje del novio
400-900€ (algo sencillo sin mucha floritura)

Alianzas
300-1000€ (del oro amarillo al oro rosa surge un abismo  


Convite (catering)
10000-18000€ (relacionado directamente con el número de invitados y el prestigio del chef encargado de tales menesteres) 

Alquiler de local para celebración
1000-3000€ (bodega, jardín, antigua casa palacio,…) 

Flores y adornos varios
300-600€ 

Luna de miel en un lugar paradisíaco
3000-5000€ 

Sin contar con los honorarios de las labores del párroco y su coral (mas le vale que no se entere el Papa Francisco de los del primero), o del siempre ocupado concejal, de la preocupada y estresada wedding planner, el acicalado conductor del vehículo nupcial, peluquería y maquillaje…


...y por supuesto – que se nos pasaba!!! – no nos olvidemos del fotógrafo… aunque "las tareas de este último ya veremos como afrontarlas…". Una frase que he oído mil veces, y que resuena como un eco taladrante en mi cabeza, de forma incesante, y a la que siempre suelo rebatir como loro incansable con una pregunta que no deja indiferente a la pareja:

"¿Confiaríais los recuerdos - irrepetibles - de este día tan especial a una persona sin experiencia en dichos menesteres?”

Buscando fotógrafo

Es bien sabido por todos, que pocos son los que escatiman con los gastos a la hora de decantarse por el diseñador del vestido de novia, el servicio de catering (siempre he dicho que por muy bien que se trabaje esta faceta, siempre hay alguien que la crítica, ya sea por defecto o por exceso de las viandas servidas), el alquiler del lugar donde se desarrollará la celebración o el encargado de animar la fiesta para rebajar el suculento menú.


Poco a poco, con mucha dedicación, paciencia y cariño, siempre desde el buen hacer y la sinceridad (evitemos vender humo porque el hedor se percibe desde lejos…), van creciendo, entre el grueso de los casamenteros, aquellos que deciden confiar las labores de fotografía a un profesional del sector (no solo basta con abonar las cuotas del autónomo al Estado para recibir tal calificación...), con amplia experiencia en dichas tareas, que les garantice un reportaje completo, de calidad, que resuma – desde el estilo personal del fotógrafo – la ansiada jornada por los contrayentes y sus invitados: un recuerdo – el único, junto al vídeo – que les permitirá rememorar cada instante, cada momento disfrutado, transportándolos a ese día cada vez que lo deseen, mientras ojean con una amplia sonrisa las páginas de su álbum.


Conociendo el campo de batalla

La experiencia es un grado, siempre complementada con la formación, hecho que nos permite salir airosos en situaciones impredecibles que pueden arruinar nuestras labores como captadores de imágenes y manchar nuestra reputación como profesionales del sector que nos atañe.


El fotógrafo de bodas debe ser precavido: conocer de antemano el terreno de juego donde desarrollará su trabajo puede evitarnos desagradables sorpresas de última hora. Por ello, visitar los escenarios (iglesia, jardines, sala del ayuntamiento, salones del restaurante,…) por los que discurrirá nuestra apreciada pareja el día de la boda, garantizará un mayor porcentaje de éxito en nuestros disparos: conocer previamente los diferentes rincones que nos ofrecen distintos puntos de vista para lograr composiciones más atrevidas e impactantes, la luz y su comportamiento (desde la que se filtra por una vidriera hasta la que proviene de un foco del establecimiento) o los diferentes obstáculos que pueden dificultarnos nuestras tareas fotográficas y convertirlos en fieles aliados para nuestras tareas.


De igual modo, nuestra experiencia nos permitirá improvisar para situaciones inesperadas que exigirán lo máximo de nuestro intelecto y capacidad creativa.


No todos podemos ser fotógrafo de bodas

Un fotógrafo de bodas que se precie, se halla sumido en un proceso de constante evolución, siempre en pos de ofrecer al cliente una mirada más fresca, atrevida, diferente, persiguiendo alcanzar en todo momento ese toque de distinción tan necesario en estos días en los que la mayoría se limitan a imitar sin escrúpulos ni remordimientos, el método de trabajo y la forma de interpretar el reportaje de bodas desde los ojos de los grandes referentes de esta modalidad fotográfica; tal es la situación actual que resulta complejo diferenciar entre los trabajos de un mismo grupo de seguidores de un fotógrafo en particular, que no han conseguido desarrollar un estilo propio, limitándose a reproducir el del artista en cuestión...


Para muchos, el hecho de adentrarse en este exigente y complejo mundo, suele limitarse a asistir a un taller de fin de semana (esos donde le colocan a los modelos y las luces, toman la foto y luego la presentan como parte de su dossier personal…), una visita a la mesa del interventor del banco del barrio para solicitar el préstamo que le permitirá agenciarse ese equipo que le “recomendaron” en el susodicho taller, y echarle cara al asunto para venderse “como la mejor opción” a la pareja de casamenteros.

La realidad como es bien sabido, dista mucho de la idea que surca sin rumbo las mentes de estos osados individuos, que se embarcan en auténticas aventuras no exentas de riesgos y peligros, y que pueden desembocar en situaciones desagradables con sus clientes (y para sus clientes).

Redactado por:


Javier Domínguez "Jadoga"

Un loco enamorado de la fotografía, apasionado del formato cuadrado y la máxima “menos es mas”. Formador y fotógrafo en JADOGA PHOTO-ART especializado en fotografía corporativa y de producto, retrato y edición avanzada. Dirige el grupo fotográfico 1:1 y es responsable de comunicaciones y redes sociales en Confederación Española de Fotografía. Actualmente esta desarrollando el proyecto fotográfico #CinemaPortraits.

Twitter: @JadogaPhotoArt

Facebook: www.facebook.com/byJadogaPhotoArt #CinemaPortraits

Instagram: @jadogaphotoart

WEB: Jadoga.es

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