martes, 2 de agosto de 2016

La hora del cambio


Como todos los sábados, desde hace varios años, tras revisar exhaustivamente - y por quinta vez en la mañana - todo el material de la mochila, te dispones a salir por la puerta de casa, con la mente puesta en ese magnífico día fotográfico que se presenta. Miras al cielo y te frotas las manos - mentalmente - como en un gesto de satisfacción por las extraordinarias condiciones de luz que te acompañarán durante la jornada: sin duda, todo pinta a que será un día redondo. En ese momento llegan tus amigos, haciendo ademán para que pongas a buen recaudo todo el equipaje en algún hueco del maletero: aún es pronto, y nada ni nadie hace sospechar que esa boba sonrisa pronto se truncará, cambiando sin remedio, el transcurso de tu vida.

Algo no va bien...

Durante el viaje, tus amigos comienzan a divagar como ya viene siendo habitual en esas salidas sabatinas, sobre las bondades de los nuevos equipos fotográficos, esos que ya forman parte de tus sueños mas húmedos y que no consigues arrebatar de tu mente, ni cuando tienes entre tus manos ese caro "juguetito" que hace tres años te obligó a solicitar aquel costoso préstamo express de una conocida financiera de cuyo nombre mejor no acordarse, con un TAE que rozaba lo prohibido, lo abusivo, y que tantos quebraderos de cabeza y sofocantes discusiones con tu pareja, te originó durante los interminables meses de pago. 

Contemplas tu costoso "juguetito", pero la necesidad de cambio ya controla tu mente

Uno de los ocupantes comienza a gritar, haciéndose notar: "la cámara no hace al fotógrafo, amigos!!!", afirmación que no duda en defender a capa y espada ante la atónita mirada del resto de pasajeros. Otro de tus colegas, el que siempre toma la plaza de copiloto, comenta de las sensibilidades estratosféricas que alcanzan algunos de esos equipos: "Acoj...nte!!! Sin ruido, incluso a 12800 ISO!!!". Desde atrás, controlando el espejo retrovisor, comienzas a vislumbrar una pícara sonrisa que se dibuja en el rostro del conductor: "Ya veréis ahora lo que me acabo de pillar...", insinúa orgulloso.


La tentación vive arriba

"Llegamos!!!", comunica enérgicamente el copiloto al resto de pasajeros del viaje.
Comienzas a descargar el equipaje, intentando rápidamente localizar la bolsa que porta a la nueva criatura de la que hablaba tu compañero. Una mano vacilante comienza a retirar la cremallera de una de las mochilas, dejando entrever la imponente silueta de un costoso equipo de la omnipotente y reconocida marca sueca... si señores, la de la H mayúscula...

Posada ya sobre su robusto trípode, la cámara de Dios se muestra en todo su esplendor ante los ocupantes del coche, babeantes y estupefactos ante tal despliegue tecnológico; tus ojos aún no dan crédito, como en un intento de adaptación fallido. Tu buen amigo, el afortunado poseedor de semejante artefacto fotográfico, comienza a disparar sobre el terreno. Un sonido atronador como salido de otro mundo, nos indica que el "monstruo de tres patas" - te recuerda a aquellas naves de la versión primitiva de "La Guerra de los Mundos" - comienza a obturar. Intentas posar tu cámara sobre el terreno, pero notas que esta se siente algo incomoda, quizás algo tímida u avergonzada ante la presencia del todopoderoso equipo.

"Arghhhhhh..., qué delicia...!!!"

En ese momento, tu amigo te invita a posar tu tembloroso pulgar sobre el disparador de su reluciente y costosa adquisición: un visor grande y luminoso, un cuerpo voluminoso pero de curvas perfectas y sinuosas, un disparador grande y suave al tacto, y... arghhhhh... ese sonido melódico - a ti al menos te suena melódico - proveniente de sus entrañas que indican la consecución de una nueva obturación.

Tu mente toma vida propia, y comienza ese diálogo personal con tu "yo" mas consumista y caprichoso, sin posibilidad de freno: "Me acabo de enamorar...", frase que inevitablemente interiorizas mas de lo que debieras con los consiguientes efectos colaterales. 


La hora del cambio

Tarde o temprano, llega el momento en la vida de todo fotógrafo, en el que te sientes tentado a dar el gran paso y evolucionar en lo que a material de hacedor de imágenes se refiere. En esta situación - descontrolada - que incluso te aflige y quita el sueño y el hambre, participan diferentes partes, todas protagonistas de una odisea que puede extenderse en el tiempo durante meses:

Tarde o temprano llega el momento...
  • El detonante: tu mejor amigo y su imponente equipo (como en el ejemplo), un catálogo cargado de novedades que distan mucho de lo que ofrece tu equipo, o los comentarios de aquel "enteradillo de turno" del foro de gurus que normalmente transitas.
  • Los defensores: en singular, defensor: tu mismo. Incluso tu colega, el mas entendido del grupo, te dice que para que quieres mas cámara, si no te vas a aventurar a sacar mas de un 50x40 en el 99,9% de las veces que imprimas alguno de tus trabajos.
  • Adversarios: tu pareja y tu cuenta corriente. Duros contrincantes sin lugar a dudas...
Pero reconoces que el detonante toma ventaja en esta batalla, en esta podríamos llamar, "guerra de megapíxeles e ISOS estratosféricos"


¿Realmente necesito este equipo?

La pregunta del millón, esa que desenfrenada ronda tu mente de una circunvolución a otra, el yang de mi fortalecido y establecido yin, el quid de la cuestión, la pesa que equilibra mi alocada balanza. En la mayoría de ocasiones no sabrás responder a esta pregunta, aportando una respuesta que se aparta de la sensatez, alimentada por bulos, estrategias de marketing y tópicos que circulan por el World Wide Web en relación a las necesidades fotográficas reales de cada usuario. 

"Con un sensor mas grande, pues haré fotos mas bonitas", "La quiero porque "fulano de copas" la usa y saca unas tomas preciosas": respuestas rápidas sin fundamentos, a la pregunta que plantea este apartado, y que se aleja de la auténtica realidad. 

En ese momento recuerdas la afirmación que tu compañero de fatigas fotográficas, gritaba a los cuatro vientos, taladrándote tu intelecto ofuscado, durante esa última incursión de fin de semana: "la cámara no hace al fotógrafo", y te percatas que no le faltaba parte de razón, ya que no eres capaz de contestar aportando razones de peso, a la pregunta: ¿realmente necesito este equipo?.

¿Realmente necesito cambiar de equipo?
¿Mi cámara me impide seguir creciendo fotográficamente hablando?
¿Piensas que las nuevas bondades tecnológicas te harán mejor fotógrafo?
¿Te has dejado llevar por el tamaño de la cámara de tu amigo, haciendo alusión al dicho, "caballo grande, ande o no ande"?

Amig@s mi@s, para ir acabando esta pequeña - y cotidiana - reflexión, nunca olvidéis que la mejor cámara es aquella que siempre llevamos con nosotros, aquella que nos permite captar ese instante irrepetible que se postra ante nuestra atenta mirada fotográfica, sin importar megapíxeles, ISOS elevadas de inapreciable ruido, o rango dinámicos mas propios del ojo humano que de un sensor fotográfico. Invitados quedáis a reflexionar... quizás haya llegado la hora del cambio... o quizás, no. 

Abrazos!


Redactado por:


Javier Domínguez "Jadoga"

Un loco enamorado de la fotografía, apasionado del formato cuadrado y la máxima“menos es mas”. Formador y fotógrafo en JADOGA PHOTO-ART. Dirige el grupo fotográfico 1:1, responsable de comunicaciones y redes sociales en Confederación Española de Fotografía y parte activa del proyecto artístico Umelecky. Actualmente esta desarrollando el proyecto fotográfico #CinemaPortraits.

Twitter: @JadogaPhotoArt

Facebook: www.facebook.com/byJadogaPhotoArt #CinemaPortraits

WEB: Jadoga.es

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