viernes, 29 de julio de 2016

¿Cuándo hacemos buenas fotografías?


Dentro de poco llegan las vacaciones. Algunos seguro que las han disfrutado ya incluso. Pero todos llevaremos nuestras cámaras para hacer fotos a la familia o si tenemos suerte tendremos hasta tiempo para perdernos por la montaña o los mares para sacar ese paisaje que tenemos en mente desde que terminamos las vacaciones pasadas. Y como no estamos seguros de poder hacerlo a lo mejor nos llevaremos sólo el móvil porque al final seguro que no podemos hacer buenas fotografías...

Vengo escuchando esta manida frase desde tiempo inmemorial en boca de muchos fotógrafos aficionados que jamás pestañean mientras la pronuncian. Y si tengo confianza, no conviene parecer un cuñado o el fotógrafo de las narices con desconocidos, siempre pregunto: ¿Y cómo sabes cuándo vas a hacer una buena fotografía? La gente se queda mirándome y realmente no saben qué contestar.

¿cuándo hacemos buenas fotografías?


Entonces es cuando oigo esas justificaciones que tampoco entiendo: Hombre, pues como voy a estar con la familia, si voy al pueblo de mis suegros y allí no hay nada a lo que disparar; no, si eso me pillo la cámara y me escapo una mañana para hacer buenas fotos...

Cuando me dicen estas cosas no se por qué pero me imagino que junto con la cámara se pillan el chaleco con el nombre de su marca bien grande para dejar claro que están en modo fotógrafo, como el padre de familia que se pone el delantal de carnicero para hacer la única comida que hará todo el año, la consabida paella en la barbacoa, territorio de hombres de verdad.

¿Cuándo hacemos buenas fotografías?


Dejando atrás las bromas, me provoca cierta sorpresa y envidia que alguien sepa cuándo va a hacer buenas fotografías, y ser capaz de juzgar si tiene que llevar ese día la cámara pequeña o su flamante réflex de 2000€. Pero lo que más me preocupa es que piense que una cámara sirva para hacer buenos disparos y otra no. Espero que muchos se refieran a la calidad técnica, cosa sobre la que no tengo nada que objetar, pero creo que las cosas no van por ahí.
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Sigue circulando la idea por los círculos aficionados que una Canon EOS 1Dx II te permite ser mejor que si tienes una humilde Canon EOS 1300D. Que un móvil o una compacta con el sensor de una pulgada son cámaras de juguete ideales para esos días en los que sabes que no vas a hacer buenas fotografías.

¿Realmente alguien sabe cuándo va a hacer buenas fotografías?

Es imposible, y el hecho de que no vayas a Islandia y te tengas que quedar en La Fuente de San Esteban no da la razón a los que utilizan tal expresión que debería borrarse del vocabulario de los fotógrafos de bien.

En cualquier momento, en cualquier lugar, a cualquier hora puede surgir la fotografía que marque un antes y un después en nuestra vida fotográfica. Si esto lo supieran los que tienen la suerte de ver extraterrestres no llevarían en el momento del avistamiento esas cámaras digitales de los años 90 que regalaban en las ferias de los pueblos olvidados de la meseta.

¿Cuándo hacemos buenas fotografías?


Es verdad que algunos fotógrafos necesitamos calma y sosiego para enfrentarnos al hecho fotográfico, y que si tenemos todo el día para nosotros es más fácil lograr esa imagen buscada. Y también es cierto que no tenemos que ir siempre cargados con la cámara más pesada y ese objetivo 70-200mm F2.8 que tanta calidad destila por todos sus poros.

Pero soy de la opinión de que siempre hay que ir preparado por si acaso vemos esa luz en la calle que nunca se repetirá, o esa chica fumando al otro lado de la terraza, o simplemente para tomar ese apunte para volver otro día con una cámara que nos permita conseguir una mayor calidad técnica. El instante decisivo no sabemos cuando se producirá, o si no queremos ser cartierbressonianos, desconocemos cuando podremos volver a traducir a lenguaje fotográfico ese momento en apariencia insustancial que está pasando ante nuestros ojos.

Muchos fotógrafos han logrado evadirse de la tiranía de la cámara, pero los locos de la fotografía siempre llevamos en el bolsillo una pequeña cámara de nuestra confianza que nos quita la zozobra de estar ante algo que nos gusta y no lo podamos disparar. Por cierto, las que ilustran este artículo son de esos momentos que no hemos perdido. Pueden gustaros o no, pero están en mi diario visual.

Personalmente siempre voy con una compacta en el bolsillo. Empecé con una de las primeras Panasonic que permitía disparar en RAW, luego estuve bastantes años con Canon, y ahora soy fiel a una Fuji que llevo siempre encima y que puede que estas vacaciones llegue a desbancar a la réflex como fiel escudera... porque como sabéis la cámara no hace al fotógrafo, y en cualquier momento puede pasar algo maravilloso. O a lo mejor no, quién sabe. Eso es lo divertido de todo esto.

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