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| Foto de la película: Honey, I Shrunk the Kids, (1989) |
Hace mucho que teníamos asumido que las cámaras debían ser grandes y pesadas, incluso se consideraba un síntoma de calidad y profesionalidad. Las lentes en correspondencia eran cada vez más luminosas y con sistemas de estabilización más complejos. Esto también contribuía a tamaños mayores. Tanto es así que una cámara de 35mm digital (Canon 1D) con el 300mm f2,8 podía llegar a superar 3Kg, una auténtica pesa en tus manos difícil de manejar. Las cámaras de Medio Formato, tampoco eran como en los años 50, se volvieron muy grandes, con tamaños de película o sensor de entre 44mm y 60mm, pesando de 3Kg a 5Kg según la lente montada. Con estos antecedentes ¿Apostaría la fotografía digital en su madurez por volver a reducir pesos y tamaños?. ¿Iba la tecnología a permitirnos liberarnos de cristales pesados y cuerpos tan voluminosos?
Bueno la respuesta en términos generales está siendo un “Sí” rotundo. La ligereza y la portabilidad son por fortuna un valor en alza desde que comenzó esta década y los equipos van a seguir encogiendo.
