Los avances tecnológicos en los últimos años en lo que a materia fotográfica se refiere, han permitido convertir al fotógrafo urbano en un ser camaleónico, capaz de camuflarse y pasar desapercibido ante sus codiciadas presas - o retratados. Armado cámara en mano, sin quitar ojo sobre sus preciados “trofeos” que se desplazan, ajenos a sus intenciones, en metro, autobús urbano, paseando por la madrileña Gran Vía, e incluso descansando plácidamente en la concurrida plaza del Sol, buscan localizar el momento oportuno, ese que aquel genuino francés de la Leica bautizo como "el instante decisivo".
Cada vez más silenciosos, sigilosos, ataviados con avanzados equipos cuya apariencia externa resulta más propia de la cámara de un inocuo turista jubilado holandés, que la de un fotógrafo furtivo en busca de grandes imágenes para añadir a su serie fotográfica urbana.

