La figura del fotógrafo noctámbulo: fotógrafo solitario, habitualmente incomprendido por su pareja y amigos, mal mirado por los vecinos de las viviendas colindantes a la "zona de trabajo nocturno". Víctima de bandadas de mosquitos chupasangre y de las asiduas visitas sorpresa - con el tiempo, el factor sorpresa desaparece - de los diferentes cuerpos de seguridad del estado que sin dudarlo acuden, llevados por la curiosidad, al primer golpe de flash o ráfaga de linterna que proyectan. Con esta escueta lista de características tendríamos definido el perfil de estos enamorados (obsesionados) de la fotografía nocturna - me he dejado muchas otras en el tintero para evitar aburrir al lector... Podríamos afirmar por tanto, que estamos ante todo un
superhéroe de la fotografía, un
mártir de la cámara y el trípode, un
sufridor nato que lo da todo - incluso invirtiendo de su propia comodidad y descanso, por no hablar de su matrimonio... - por llevarse a casa la mejor estampa que a esas horas intempestivas de la noche podrían conseguir.